Imagen: Pixabay (Geralt)
Para avanzar en esta línea de estudio, la investigación —debidamente tutelada— necesita la colaboración directa de jóvenes y adolescentes que deseen participar respondiendo a un cuestionario diseñado para comprender mejor el impacto real de los influencers en su vida cotidiana. La participación es completamente voluntaria y en todo momento se garantizará la privacidad y el anonimato de las personas informantes, así como el tratamiento confidencial de los datos recogidos. El cuestionario no incluye preguntas invasivas ni pretende generar incomodidad, y podrá abandonarse libremente en cualquier momento si así se desea, sin necesidad de justificación. La voz de quienes viven de primera mano esta realidad digital es fundamental para obtener resultados rigurosos y útiles. Su colaboración no solo contribuye al avance del conocimiento, sino que permite construir una comprensión más justa y ajustada a la experiencia juvenil actual.
En los últimos años, la figura del influencer se ha integrado con naturalidad en la vida cotidiana de los adolescentes. No se trata solo de entretenimiento: sus publicaciones, recomendaciones y estilos de vida forman parte del ecosistema simbólico en el que los jóvenes construyen identidad, referentes y aspiraciones. Comprender este fenómeno implica ir más allá del juicio rápido —ni demonización ni idealización— para analizar con serenidad cómo se producen esas interacciones y qué efectos generan.
Los adolescentes no son meros receptores pasivos. Comentan, comparten, imitan, debaten y se comparan. Siguen rutinas de cuidado, modas, hábitos de consumo o formas de relacionarse inspiradas en quienes admiran en redes. En muchos casos, los influencers pueden actuar como modelos positivos: promueven causas sociales, hábitos saludables o discursos de aceptación y diversidad. También pueden ofrecer sensación de comunidad y pertenencia, especialmente en etapas vitales marcadas por la búsqueda de reconocimiento.
Sin embargo, esta misma dinámica puede tener efectos menos visibles. La exposición constante a estándares de éxito, belleza o felicidad cuidadosamente editados puede influir en la autoestima y en la percepción del propio cuerpo o del propio valor. La comparación permanente, la presión por la popularidad o la necesidad de validación digital pueden impactar en el bienestar emocional y en la forma en que se toman decisiones.
Explorar cómo los adolescentes interactúan con estos contenidos y qué significan para ellos permite abrir un espacio de diálogo informado entre familias, educadores y jóvenes. Analizar el fenómeno con mirada crítica no busca prohibir ni alarmar, sino comprender. Solo desde el conocimiento es posible acompañar a las nuevas generaciones en un uso más consciente, autónomo y saludable de las redes sociales.
© Miriam Palomino Argüelles y Alfonso Vázquez Atochero (2026)
Soporte logístico: Adicciona Research Lab, anthropiQa, pensamiento y cultura y Universidad de Extremadura
Investigación sometida al arbitrio de la Comisión de Bioética de la Universidad de Extremadura