La pandemia de COVID-19 fue, sin lugar a dudas, una de las experiencias más transformadoras de este siglo. Más allá de los datos sanitarios y las medidas de confinamiento, lo que vivimos en 2020 alteró de forma profunda nuestras rutinas, vínculos y formas de habitar el mundo. Cambiaron las calles, las casas, el trabajo, la escuela y hasta el modo en que nos pensábamos como sociedad. El virus no solo afectó cuerpos: también puso a prueba certezas, modelos de vida y formas de organización.
Esta sección reúne un conjunto de textos que nacieron al calor de aquella crisis, cuando aún no sabíamos cuánto iba a durar ni qué vendría después. No son análisis escritos con distancia, sino reflexiones hechas desde dentro, en tiempo real, en medio del asombro, la preocupación y también la necesidad de entender lo que estaba ocurriendo. Aquí se recogen tres libros publicados por AnthropiQa editorial que documentan, piensan y narran la pandemia desde distintos ángulos, con voces plurales y registros híbridos. A ellos se suma un artículo académico centrado en la experiencia del estudiantado universitario ante la educación a distancia, uno de los cambios más abruptos que trajo consigo el confinamiento.
Covid 2020. La experiencia del milenio no es un archivo cerrado, sino una memoria activa. Un testimonio múltiple que invita a volver sobre ese tiempo excepcional para preguntarnos qué hemos aprendido, qué seguimos arrastrando y qué hemos dejado atrás. Leer estos textos hoy es también una forma de hacer memoria crítica y de preguntarnos, una vez más, cómo queremos vivir. Porque aunque el virus ya no sea portada, las huellas de aquella experiencia siguen con nosotros. Y merecen ser pensadas.
A partir de la declaración de pandemia por COVID-19 establecida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) el 11 de marzo de 2020, prácticamente todos los países del mundo comenzaron a aplicar planes de preparación y respuesta a fin de tratar de controlar los efectos de este «ejército invisible», al decir de Harari (2016), en la población. Atendiendo a las recomendaciones de la OMS, el Gobierno de España decretó la limitación de la movilidad de las personas y la separación física en el ámbito social y laboral.
En tales condiciones, las universidades se vieron abocadas a la suspensión de los procesos de enseñanza-aprendizaje en su modalidad presencial y su continuidad en formato virtual. Así, además de los retos que venía enfrentando la universidad, esta precipitada transición la ha sometido a una prueba de estrés evidenciando uno de sus déficits estructurales, la equidad tanto en el acceso como en el progreso de la trayectoria académica (Ariño et al., 2019).
Las universidades presenciales tuvieron que migrar de forma urgente a lo que Hodges et al. (2020) han dado en llamar «enseñanza remota de emergencia». Muchas dosis de voluntarismo por parte de los docentes convirtieron los espacios de sus hogares en improvisadas aulas, al tiempo que, obligados por las circunstancias, se adentraron en el entorno de las tecnologías educativas. En la otra cara de la moneda se encontraban los estudiantes que sumaron a la incertidumbre propia de la extraordinaria situación, la de tener que enfrentarse y adaptarse a una modalidad telemática que exigía de ellos mayor compromiso y disciplina (UNESCO, 2020).
Pérez López, E., Vázquez Atochero, A., & Cambero Rivero, S. (2021). Educación a distancia en tiempos de COVID-19: Análisis desde la perspectiva de los estudiantes universitarios. RIED-Revista Iberoamericana de Educación a Distancia, 24(1), 331–350. https://doi.org/10.5944/ried.24.1.27855
Nunca se debe hacer cosquillas a un dragón que duerme, pues puede ser peligroso. Parecía imposible que la situación pudiese ocurrir, pero ocurrió. Las películas distópicas que se han hecho un hueco en la maquinaria hollywoodiense han facilitado un discurso del pánico ante un hipotético evento que transformase las reglas y los modos de producción a los que estamos habituados. Y aunque la idea de un espacio alternativo, diferente y diferenciador de idiosincrasias no es nuevo –Tomás Moro lo recreó con maestría hace 500 años–, el estilo narrativo ‘mainstream’ tiene un impacto evidentemente mayor en la sociedad de consumo rápido en la que vivimos (vale, también está más contextualizado). Además, la carta está preparada para todas las edades y gustos: para niños, para adolescentes, para adultos, para positivistas, para catastrofistas, para creyentes y para agnósticos; no hay límites cuando se trata de recaudar en taquilla. Y tras la dimensión creativa, artística y comercial, el cine ha ejercido asimismo una función didáctica al respecto y nos ha enseñado a entender el concepto y también a crearlo, creerlo y vivirlo. Hemos aprendido a crear y asimilar el pánico ante la llegada de extraterrestres, zombis o virus. Lo hemos vivido a través de películas o videojuegos.
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